23 sept. 2011

Mi 15-M (Raúl Muñoz de la Fuente)


Es curioso el ser humano. Cómo se va agrupando en familia, amigos, vecinos, conocidos, barrios, ciudades …, pero sin perder un ápice su singularidad como individuo.
Hoy, aquí, quiero hablar de ese individuo y de cómo una suma de individuos otorgan la fuerza del colectivo. Yo me aproximé al 15-M escéptico pensando que era una actividad reivindicativa puntual. Primera sorpresa. Era una gran queja colectiva de un pueblo ya harto. También pensé que estarían los cuatro de siempre, segunda sorpresa. La cantidad y variedad de gente que había abrumaba. También pensé que estaríamos ahí un rato pegando cuatro gritos y luego a casa. Otra sorpresa, porque lo que había era diálogo, organización y para nada la idea de irse y olvidarse del tema.
Cuando te desmontan todas las ideas preconcebidas cuesta un poco reponerse. Cuando lo hice, comencé a participar más activamente con el movimiento y con la gente,esa gente tan distinta por edad, ideas, estudios, posiciones sociales, etc., pero que no te deja de sorprender y enseñar cosas siempre que estés dispuesto a escuchar. Y eso da fuerza, te hace crecer, tanto como individuo como colectivo.
El motivo por el que fui a la plaza (ya y para siempre) del 15-M era tan simple como el estar cansado de oír de mis padres que los políticos nos roban y nos mienten. No solo mis padres, los padres de todos mis amigos. Además, esto era y anterior. Mis abuelos, y supongo que también los tuyos, decían lo mismo: “Que esto no va ha cambiar, que son todos unos corruptos, etc.” Ahora, una nueva generación incipiente cree lo mismo. Os pondré un ejemplo. El otro día se nos acercó una madre con su hijo (de unos ocho años) porque el niño no entendía un término de una de las pancartas. Ese término era CORRUPCIÓN. Cuando le explicaron el concepto, la madre incitó al niño a que nos dijese el motivo por el cual él, de mayor, quería ser POLITICO. Su argumento fue aplastante: “Es que los políticos son ricos y pueden mentir”. Me quedé perplejo. Otra generación, aún no formada, y ya arrastra las ideas de mis padres y mis abuelos. ¿Y por qué yo no quiero eso? ¿Por qué yo no me conformo ni tolero eso? Quizá sean los genes. Sí. Quizá sean los genes, como los de una enfermedad, o algún rasgo físico (como ser rubio, pelirrojo), o de alguna maldición lanzada a una estirpe, pero que genéticamente se salta una generación. Yo soy esa generación, y el estudiante de instituto que viene aquí con la carpeta bajo el brazo, y el señor bien vestido que acaba de salir de la oficina y nos echa una mano, y la señora que nos ha traído hoy unas empanadillas tan ricas como las de mi abuela.
Todos somos ese salto genético.
Todos somos la excepción.
15-M.
(Raúl Muñoz de la Fuente)
Y que decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico de hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda las más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que deciden que es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar la historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.
(Jaime Gil de Biedma)

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