19 feb. 2012

DE LA INDIGNACIÓN A LA HUELGA GENERAL

Hace algunos meses las plazas del estado se llenaron de ciudadanos indignados con los políticos y banqueros que nos tratan como mercancías, les decíamos a PP y a PSOE que no nos representan, que la misma mierda son, o nos acordábamos del oficio de Alibabá de banqueros como Botín u otros.
Este fragor ciudadano llenó plazas y nos dimos buenos paseos por calles y ciudades, y aunque ahora llenamos menos plazas, y en la calle la policía tiene carta blanca para usar la fuerza incluso provocadora y desproporcionada, o porque ahora el frío del invierno hace mella, no es menos relevante el miedo que nos han metido en el cuerpo los nuevos ataques de la élite económica y financiera que cuentan con el trabajo sucio de los políticos a su servicio.
La reforma laboral se viene haciendo en los últimos 30 años, a ver si parecemos nuevos, y si bien solo nos acordamos de la última, o de la anterior de mayo de 2010 (la que por ejemplo permite despedir con una mera previsión de pérdidas), el caso es que siempre se pretende lo mismo, hacer del trabajo y de los trabajadores y trabajadoras una mera mercancía, un factor de producción tan flexible, prescindible o manejable como las materias primas, ya no es que seamos mercancía, es que quieren que seamos su ganado.
Esta es la finalidad de todas las reformas laborales, no es cierto que se quiera crear empleo, que incluso cínicamente se reconoce que la reforma no servirá para ello, sino que simplemente se trata de subsumir a los trabajadores y trabajadoras como piezas de su dominio de élite o clase. Nos quieren sumisos, nos quieren con miedo, nos quieren aterrados ante su poder de administrar nuestros alimentos, nuestras viviendas, nuestra sanidad, nuestra educación, nuestras vidas … y lo están consiguiendo.
Mientras tanto, los instrumentos de las trabajadoras, como los sindicatos, al menos los mayoritarios, están perdidos en tácticas de negociación abocadas al fracaso, pues de antemano hagan lo que hagan el gobierno impondrá por ley la voz de sus verdaderos amos.
 
Nos dicen las cúpulas de estos sindicatos que no pueden hacer nada, que si la gente no va a las huelgas ellos no pueden convocarlas. Esta es una justificación que prueba por sí sola la propia frustración y el fracaso del modelo sindical mayoritario de los últimos 30 años, subsumido por la lógica de institucionalización o integración en el estado como un poder domesticado, órganos de representación, falta de independencia económica, subvenciones, etc, y sobre todo, por haber perdido el norte de ser instrumentos de lucha de los trabajadores, que no es solo negociar convenios, con todo lo importante que esto sea, sino para fortalecer y hacer más grande la lucha obrera contra nuestros explotadores. Pero en estos años los sindicatos mayoritarios han servido para poco más que asentar a una casta de profesionales del sindicalismo en cómodos despachos mientras sus compañeros de clase terminan en el paro o en la miseria.
Se que nuestras palabras no gustan, no son palabras amables, son fáciles de entender, y sabemos que pueden hacer daño a buenas personas y buenos sindicalistas que trabajan con tesón y honradez al pie de sus centros de trabajo.
Pero no os enfadéis con nosotros, no somos vuestros enemigos, mirad arriba de vuestros sindicatos mayoritarios, haced que sean realmente democráticos, y traedlos al frente de la defensa de los trabajadores y trabajadoras, al frente de la batalla por la dignidad de las personas trabajadoras, que somos la inmensa mayoría de cualquier sociedad, casi todos nos ganamos la vida trabajando, e incluso lo hacemos con orgullo, y aquí incluyo a esa gran parte de trabajadores autónomos que no se hayan creído la estupidez con que les quiere engañar el gobierno diciendo que son empresarios, como si no trabajaran más duro o más horas que muchos trabajadores, como si no hubieran arriesgado sus ahorros, los de su familia, como si no se hubieran empeñado con bancos ladrones para ganarse la vida. ¿No es esto lo que hacemos los trabajadores y trabajadoras todos los días?.
¿Y qué hacer ahora?
Pues hablar claro, aunque duela, ¿o es mejor el silencio de quienes dan la espalda a los sindicatos, de quienes se han ido hastiados, de quienes callados se resignan a su debilidad o incluso su inevitable desaparición?.
Los sindicatos son más necesarios que nunca para luchar por nuestra dignidad, pero no para mantener a profesionales del sindicalismo que viven de nosotras y pelean por su poltrona.
Todos los sindicatos valen, mayoritarios y minoritarios, con tal que no se olviden de su razón primera y última (nosotras y nosotros, las trabajadoras y trabajadores), cada uno desde su concepción o particularidad, desde la diversidad y la unidad de acción.
Ahora toca convocar la huelga general, y mantenerla hasta que la reforma caiga, nos jugamos el futuro de nuestros hijos, a los que quieren condenar al paro, pero nuestros jóvenes nos dicen a la cara que no son la generación perdida, es la generación que desde la calle viene varios meses recordándonos la lucha por nuestra dignidad, ¿vamos a dejarles solos?.
¿Podemos mirarles a la cara y decirles que no estamos seguros, que tenemos dudas, que somos unos cobardes y que no vamos a usar nuestros sindicatos para luchar?.
¿Tan  ciegos estamos y no vemos que nos estamos jugando quizá la última carta contra quienes nos quieren como ganado?.
Es el tiempo de los valientes, con cabeza y organizados, con corazón, determinados y orgullosos, ya no es tiempo de cobardes y poltroneros, estos ya han durado demasiado.
                                                                                               (comunicado leido el día de hoy)













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